Opinión

Por Fernando Rodríguez, académico de la Escuela de Educación Física PUCV.

Cómo hacer ejercicio físico de manera segura en tiempos de COVID-19

13.05.2020

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha informado -hasta ahora- un total de 4.2 millones de contagiados y 290 mil fallecidos en todo el mundo por la pandemia del COVID-19. Dadas las características del contagio por contacto directo con la saliva o pequeñas partículas que se dispersan por el aire, los países han priorizado el confinamiento de las personas para evitar el contacto y prevenir los contagios.

El estar resguardado en casa trae a su vez un efecto colateral en las personas, ya que según la misma OMS, la salud comprende un bienestar físico, mental y social. Estos tres factores se ven en desmedro por el alto nivel de sedentarismo, rutinas monótonas y el aislamiento social que provoca el encierro.

En España, el gobierno ha autorizado recientemente las salidas de los niños después de más de 40 días y la salida controlada para realizar actividad física en bloques horarios después de casi 50 días de encierro, atendiendo a las necesidades de salud y bienestar de la población general.

Esta medida es posible de mantener, siempre y cuando se tomen los resguardos de distancia necesarios para evitar contagios y se eviten las aglomeraciones. En ese sentido, es posible realizar actividad física al aire libre con medidas de distanciamiento y seguridad sanitaria.

Un reciente estudio italiano definió que el confinamiento e inactividad física aumentó un 24% el riesgo de muerte y enfermedad cardiovascular, además de aumentar las co-morbilidades como la insulino-resistencia y la hipertensión arterial que están asociadas a muerte por COVID-19 (Lippi et al., 2020).

Además, la evidencia científica ha demostrado contundentemente a lo largo del tiempo, el efecto del ejercicio físico sobre el refuerzo del sistema inmunológico que puede contrarrestar los efectos del COVID-19 en los adultos, además de ayudar a sobrellevar el estrés, la ansiedad y los efectos psicosociales que trae el encierro tanto en adultos como en niños.

Otro estudio actual efectuado en Alemania ha definido una distancia segura entre personas en espacios cerrados de 10 metros, por lo que “hacer una fila en un supermercado, en un centro comercial e incluso usar transporte público, presenta un alto riesgo de contagio” (Setti et al., 2020).

Una primera opción para realizar actividad física sin riesgo ha sido dentro del hogar, pero que presenta limitaciones de espacio y materiales que no todo el mundo cuenta o dispone. Por otro lado, los efectos positivos del ejercicio sobre la prevención de enfermedades provienen principalmente del ejercicio aeróbico (estímulo cardiovascular) por al menos 10 minutos consecutivos, lo que no es fácil de reproducir, sino se cuenta con una trotadora o una bicicleta estática en casa, especialmente en sectores sociales con menos recursos.

Una de las alternativas más viables para ejercitarse en este período son: “correr” y “andar en bicicleta”, sea para desplazarse al trabajo o con fines de actividad física. Ambas acciones implican un muy bajo riesgo de contagio porque: a) se realizan al aire libre permitiendo dispersar las partículas exhaladas, b) se realiza de manera individual lo que evita el contacto con otras personas. En relación a esto, un estudio holandés demostró una distancia segura para correr de 2 metros (m) de manera lateral y frontal de 5 m (Blocken et al., 2020).

En el caso del ciclismo, se sugiere una distancia segura lateral de 2 m y frontal de 20 m. En ambos casos se debe evitar seguir las estelas de aire dejadas por personas por delante y la distancia frontal aumentarla proporcionalmente a la velocidad del desplazamiento.

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Adicionalmente, se ha propuesto que la mascarilla en estos casos es de uso libre, dado que aquellas que se “reciclan” pueden transformarse en un foco concentrado de contagio al llegar a casa, además de la incomodidad que provoca llevarla durante el ejercicio. En este caso, la distancia de seguridad es la principal protección.

Estos antecedentes nos dan luces de las opciones que la sociedad debe empezar a barajar en el futuro, con vistas a los desplazamientos activos en las ciudades para el cuidado y salud de las personas y del planeta.

En resumen, la evidencia actual señala la importancia de la actividad física y destaca que caminar, correr y andar en bicicleta son las mejores alternativas para desplazarse al trabajo o ejercitarse, disminuyendo el riesgo de contagio y mejorando los niveles de salud en tiempos de COVID-19.

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