Académica de la Facultad de Teología dictó conferencia "¿Individualismo o cooperación?: El dilema de la sociedad post-pandemia"

La Dra. Verónica Benavides expuso en esta actividad organizada por la Asociación de Empresas de la V Región (ASIVA).

19.06.2020

“Reflexionar todos juntos sobre un tema, que en definitiva se nos hace urgente, porque estamos inmersos en una situación bastante compleja. Mundialmente nos encontramos en medio de una pandemia y esto es una oportunidad para pensar y repensar qué tipo de sociedad o de construcción humana es la que queremos”, señaló la Dra. Verónica Benavides, académica de la Facultad Eclesiástica de Teología PUCV.

Para la académica la mejor forma de partir este análisis fue desde la experiencia actual o la realidad: “es común ver en las noticias el caso de personas que no respetan las normas sociales, en particular, las cuarentenas. Algunos piensan quizás, un poco ingenuamente, que pueden continuar con su vida igual que antes.  Estamos en un periodo especial de restricciones en varias ciudades de Chile, por una causa sanitaria evidentemente, pero aparecen en prensa personas que incluso estando contagiadas proceden de manera habitual. Estos individuos utilizan su libertad individual, transitando por ciudades, sin tomar en cuenta, que al tomar el transporte público, por ejemplo, otro puede ser víctima de este contagio o inclusive podría morir”.

La profesora menciona que estas actitudes, tremendamente individualistas y egoístas, van en contra del bien común. Asimismo, no están acorde al deseo de una gran número de personas que acata las normas para terminar con esta ola de contagios. “Personas que piensan decididamente que su voluntad está por sobre los demás, por ejemplo viajan a lugares de descanso o veraneo donde está prohíbido dirigirse. Nos preguntamos qué intereses están primando en estos casos para cometer estas faltas a la norma social. Quizás la primera respuesta sería un individualismo exacerbado, es decir, una libertad, que no considera la libertad del otro, que no contempla por ende, que los demás conciudadanos también son sujetos de derecho y deberes igual que uno. Quizás hemos visto esto con demasiada frecuencia, estas actitudes parecen ser cada vez más comunes. Lo negativo es que mientras más comunes sean van quedando ocultas, en un mar de casos, que parecen finalmente hacer de la excepción la regla”, comentó Benavides.

Entonces la académica planteó la pregunta ¿qué sociedad es la que queremos una vez que superemos la pandemia? Interrogante que vale para todos los países involucrados, ya que es una pregunta universal, que atañe precisamente a la esencia del ser humano.

“ ¿Queremos una sociedad donde el individualismo sea la norma, la regla, y la cooperación sea la excepción? ¿O bien deseamos darle una vuelta a una sociedad que opta solo por los derechos y la satisfacción de los deseos individuales en vez de promover una sociedad más humana y cooperativa donde en definitiva mi bien, sea también el bien del otro?”, reflexionó la profesional.

Pensamiento de Aristóteles

La académica agregó que “Aristóteles, en el siglo IV antes de Cristo, constataba a partir de su propia observación y vivencia, lo que era ser un ciudadano. Para este autor el ser humano es un ser sociable por naturaleza, al cual le apetece vivir en comunidad y le nace como un impulso natural el reunirse con otros, el convivir y compartir. El mismo Aristóteles decía quién no necesita de nadie o es un Dios, que se basta así mismo o bien es un animal salvaje  que no tiene ningún impulso cooperativo ni empático con sus congéneres. Hay algo que nos hace especiales, y es justamente este impulso intrínseco por reunirnos, apoyarnos mutuamente, por experimentar la vida de modo comunitario”.

La primera experiencia que tiene todo ser humano, es precisamente de comunidad. Cuando nace un bebé necesita de alguien que lo cuide, requiere del apego de otro ser humano, incluso el fenómeno mismo del lenguaje, si lo observamos con detenimiento, es algo que se aprende a partir de otros seres humanos.

Aristóteles señalaba que no solo las personas se reunen para la ayuda mutua o satisfacer necesidades inmediatas y directas, sino que también para alcanzar una cierta perfección como seres humanos, lo que brinda como primera conlusión que es muy difícil ahogar este impulso natural. No obstante, indicó la profesora que puede surgir la pregunta si naturalmente deseamos esta vida en sociedad, ya que ocurren tantos casos de individualismo extremo en medio de esta pandemia como si el resto de la comunidad no importara.

“Lo que hace falta en la sociedad contemporánea es esa conciencia de cuerpo, esa concepción de la sociedad como una suerte de organismo donde todos somos células, órganos, y utilizamos nuestras vidas de modo colaborativo por el bien del todo. Esto se ha perdido por el exceso de racionalismo y la pérdida de consideración del otro como persona humana. Por un exacerbado egocentrismo desde el punto de vista de la satisfacción de los deseos personales. Una sociedad que construye necesidades artificiales y que hace que los individuos deseen incluso lo que no le es útil (…) No debería importar solo tener un desarrollo económico o un alto ingreso percápita en el país, se requieren espacios de ciudadanía donde ser más plenos y felices. Esto lo pongo como imperativo ético, porque si no es entre todos, no podemos construir sociedad”, concluyó la académica.

Natalia Cabrera Vásquez

Facultad Eclesiástica de Teología