Escuela de Arquitectura y Diseño propone Paseo Antártico para la Base Pdte. Gabriel González Videla

La iniciativa del alumno Andro Contreras se encuentra en una fase preliminar y ha sido guiada por el académico Jorge Ferrada, que ha visitado la Antártica previamente. La idea es aportar a una nueva línea de investigación de la Universidad en el Continente Blanco.

26.07.2018

La Antártica es un territorio inhóspito que año a año atrae a los científicos de todo el mundo. En su interior se encuentran las reservas de agua del planeta y Chile es uno de los países que está más cerca para potenciar la investigación allí, sin embargo, debido a un tema de prioridades y de costos, no ha habido desde el Estado una clara voluntad por concretar este anhelo.

El profesor de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV, Jorge Ferrada, es uno de los académicos que ha podido ir a la Antártica y recuerda que fue precisamente en una travesía realizada en 2014 que surgió la idea de realizar algún proyecto que propicie la investigación de la Escuela y represente un aporte para las comunidades que residen en el Continente Blanco.

En su viaje, el académico se reunió con una serie de representantes de la Armada, investigadores y recorrió las bases de diversos países. Además, se percató de la firma de un nuevo Tratado Antártico y la postura del Reino Unido donde algunas de sus bases –específicamente dos de ellas- serán entregadas al Gobierno de Chile, pero no se sabe qué se va a hacer con ellas.  

“Se firmó la renovación del Tratado Antártico y luego se estableció que Punta Arenas será el punto de acceso a la Antártica para todas las expediciones científicas y Ushuaia como punto de contacto de las expediciones turísticas, por lo tanto, el Cono Sur aparece como la puerta de acceso de todos los países del mundo. Esto potencia la realidad de Chile en establecer un punto de relación con otras naciones en la Antártica”, expresó.

El director del Centro de Estudios Patrimoniales Urbanísticos y Museográficos visitó alrededor de 14 bases en la Antártica en 2015. “Unas estaban abandonadas, otras en proceso de recuperación y algunas en buen estado. Visité las bases con ojo arquitectónico para revisar ciertos procesos constructivos, su deterioro en comparación al continente y la inclemencia del clima que se percibe en la diferencia de temperaturas, viento, erosión, oxidación, cómo se afecta su concepción estructural considerando que la construcción se hace desde el continente sin considerar las particularidades de la Antártica”, indicó.

El experto hizo un completo diagnóstico del estado de las bases y entregó un informe a los jefes del Departamento de Construcción del INACH con el objetivo de avanzar hacia una nueva línea de investigación desde la PUCV. 

“Se puede desarrollar un ámbito de investigación al interior de la Universidad para abordar la construcción en lugares recónditos como la Antártica ocupando la tecnología y desarrollando módulos prefabricados. El hormigón podría desarrollarse en Punta Arenas y evitar que se altere por las bajas temperaturas. Uno podría pensar en la arquitectura, el proceso constructivo de las base y producirlos en Chile”, reflexionó.

PROPUESTA DE PASEO ANTÁRTICO

Al estar confinados durante largos periodos de tiempo por las condiciones extremas, es común que se generen roces entre los residentes en las bases. Por lo mismo, el estudiante Andro Contreras elaboró una propuesta de Paseo Antártico para la Base Pdte. Gabriel González Videla, considerando que posee una construcción de carácter modular que no propicia la movilidad de sus habitantes, afectadas por fuertes vientos y bajas temperaturas.

“El concepto de base, en general está planteado como una estación o refugio, en cuyo interior se desarrollan las actividades científicas necesarias, pero desde el punto de vista de la habitabilidad esta se torna a veces insostenible en virtud de que los que viven un tiempo ahí, no tienen construidos los espacios de habitabilidad necesarios para una convivencia prolongada”, precisó.

Las personas se encuentran permanentemente dentro de estas bases y al cabo de un periodo de tiempo se generan conflictos. “Las temperaturas allá llegan a los -20 grados y los vientos pueden superar los 300 kilómetros por hora. No es fácil realizar los proyectos allá y tardan varios años, avanzando cada verano. La idea es que este paseo sea lo más eficiente posible y se pueda construir en un periodo más corto, respetando el ecosistema del lugar”, complementó.

Por su parte, el profesor Ferrada agrega que respecto a las bases que regalará Reino Unido se debe avanzar hacia una mejor gestión para contar allí con polos de desarrollo turístico para Chile.

“Las bases extranjeras tienen un enorme potencial para realizar investigación científica, pero se financia su mantención con el turismo. Port Lockroy, por ejemplo, funciona en una caseta que se levantó en 1947 de los primeros expedicionarios ingleses. Es un museo y al lado cuenta con una tienda para vender souvenirs, de esta forma se financia. En Chile no se ha planteado esta opción para generar nuevos recursos y establecer una mejor relación turística”, concluyó.

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio