PUCV realizó las V Jornadas de Historia de Valparaíso

El Instituto de Historia de la PUCV organizó la actividad que contó con exposiciones sobre patrimonio, museología y arquitectura de Valparaíso.

14.09.2017

“Un caso de esclavitud en Valparaíso durante la primera mitad del siglo XIX” se tituló la presentación dictada por Patricio Fuenzalida, representante del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile. “Diego de Almagro en 1536 ya venía con un esclavo. La presencia de esclavos en el país es muy antigua, se remonta desde el inicio de la temprana conquista”, precisó Fuenzalida.

El profesional agregó que los primeros contingentes de esclavos arribaron a Chile como integrantes de las huestes de Diego de Almagro y Pedro de Valdivia. El rol de los negros durante el descubrimiento y la conquista fue el de sirvientes domésticos y soldados.

En su exposición, destacó que la primera mujer negra esclava que pisó suelo chileno fue Margarita (o Malgárida), como acompañante de Diego de Almagro. El adelantado la menciona como una fiel y leal sirviente en su codicilo (especie de testamento) dictado en Lima en 1538.

Entre los conquistadores destacó el negro Juan Valiente. No fue esclavo y participó en las expediciones de Almagro y Pedro de Valdivia. Se dice que huyó de su amo, Alonso Valiente, en Los Ángeles, Nueva España. Su valentía y heroica participación en la defensa de Santiago tras el alzamiento de 1541 fue premiada por el Cabildo con una chacra en el oriente de la ciudad. Más tarde en 1550, Valdivia le entregó la encomienda de los indios de Toquigua, entre los ríos Maule y Ñuble.

Asimismo, comentó que a finales de 1804 un traficante del negocio esclavista llamado Alejandro de Aranda transportó desde Mendoza a Valparaíso a 72 esclavos africanos. El grupo estaba compuesto en su mayoría por mujeres y niños, además de nueve lactantes. El 20 de diciembre fueron embarcados en el puerto de Valparaíso a bordo del barco mercante Prueba (Tryal) al mando del capitán Benito Cerreño con rumbo al Callao en el entonces Virreinato del Perú.

LIBERTAD PARA LOS ESCLAVOS

Desde el punto de vista jurídico, la manumisión fue el acto solemne en que el amo renunciaba al derecho de acción, señorío y propiedad, para traspasarlo a favor del esclavo. Proviene del latín manus (mano) y mittere (enviar lejos) que significa "alejar de las manos del amo" o, bien, "soltar de las manos". Dos fueron las formas que utilizaron los esclavos para obtenerla: la remuneratoria, es decir, el pago de su justo precio o la graciosa, aquella por la cual el amo la otorgaba como agradecimiento a la fidelidad.

En 1811, durante el gobierno de José Miguel Carrera, se había promulgado la ley de libertad de vientres, promovida por el educador y político chileno Manuel de Salas. Como la esclavitud fue una condición jurídica que se heredaba por vientre materno, todos los hijos nacidos de madre esclava serían libres desde ese momento. La disposición afectaba también a las esclavas que fuesen vendidas al extranjero y a cualquier esclavo que llegara a Chile, que se mantuviera en el territorio por un lapso de seis meses. Sus alcances, sin embargo, fueron interrumpidos constantemente por la guerra de Independencia.

El 23 de junio de 1823, el político José Miguel Infante presentó al Congreso un proyecto que proponía la abolición total de la esclavitud. Una vez aprobado, se declaró libre a todos aquellos que habían nacido esclavos desde 1811. La medida benefició a cerca de 5.000 personas que vivían en esa condición, según el historiador Guillermo Feliú Cruz.

EPIDEMIA DE CÓLERA

“El caso de la epidemia de Cólera de Valparaíso, 1885-1887. Los significados para la salud e higiene de la ciudad” se tituló la ponencia del profesor Mauricio Molina Ahumada, director del Instituto de Historia de la PUCV.

El académico explicó que el cólera entre los años 1886 y 1889 se transformó en una pandemia global. En su exposición el profesor, se focalizó en la epidemia que afectó a Valparaíso y analizó esta enfermedad como un fenómeno cultural.

La enfermedad del cólera fue un fenómeno que tenía dos realidades paralelas: el hecho patológico y el hecho social. Respecto al hecho patológico, muchas personas se enfermaron por contagio, requiriendo de atención médica y en mayor o menor frecuencia morían en esa época. Por otro lado, el hecho social, en tanto perturbador de la normal convivencia de la ciudad, generando desajustes económicos y poniendo de manifiesto las diferentes condiciones de vida y moral de la sociedad porteña.

“En esta época Valparaíso estaba en un proceso de auge desde el punto de vista comercial, pero existían condiciones sanitarias deficientes”, comentó el profesor. Además, mencionó la crítica que hubo hacia las autoridades por minimizar los efectos de la epidemia, con lo que se advierte se intentaba mantener el orden social para no generar situaciones que alteraran la normal vida de la ciudad.

Se tomaron algunas medidas higiénicas y formas de enfrentar la epidemia. En este sentido, se incentivó la preocupación por la higiene individual y doméstica, poniendo especial atención en “conservar completa calma de espíritu y no tener miedo exagerado por las enfermedades”.  Asimismo, se hizo un llamado para evitar las fatigas y el exceso de trabajo; eliminar las vigilias prolongadas o las “causas” de debilitamiento; usar regular abrigo para evitar resfriados; ser sobrio en las comidas para evitar indigestión y diarreas; que las aguas para la bebida sean de buena calidad y desarrollar aseos en quebradas, entre otras sugerencias.

Hubo un cambio en la perspectiva de enfrentar la higiene pública de parte de las autoridades, que se reforzó luego de esta epidemia. Se hizo un llamado a cautelar lo siguiente: sanitizar los espacios (contar con una buena evacuación y desinfección de aguas servidas); impulsar medidas urbanísticas (establecimientos de plazas, parques, etc); control de las fábricas y manufacturas (sacar este tipo de establecimientos del centro de la ciudad por la contaminación); desarrollo de servicios públicos (implementación de reformas en mataderos, cárceles, cementerios, etc).

Se aprecia en esta época la idea de que “una ciudad sana es una ciudad culta y moralizada”, esto consistía en construir una propuesta de cómo debe comportarse una sociedad. Otro discurso pretendía disminuir el número de pobres a través del desarrollo de actividades económicas y comerciales, ya que esta condición era vista como un factor de enfermedades.

Por Natalia Cabrera Vásquez

Instituto de Historia