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Dr. Jorge Olivares, académico del Instituto de Biología se adjudica uno de los cuatro Fondos Covid-19 entregados por ANID en la región de Valparaíso

Con el proyecto que dirige pretende demostrar la posibilidad de realizar una vigilancia a nivel epidemiológico del coronavirus, utilizando como fuente principal de información aguas servidas de sectores con mayor contagio.

A cuatro meses del primer caso de COVID-19 en Chile, la comunidad científica nacional ha concentrado sus esfuerzos en investigar este problemático virus, buscar soluciones y medir sus consecuencias. 
Por ese motivo, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) puso a disposición un fondo de emergencia para financiar proyectos de investigación en temas asociados a la pandemia “con un objetivo muy claro: entender el Covid-19″, como indicó el ministro de Ciencia y Tecnología, Andrés Couve, el día en que dio a conocer los 63 proyectos que se adjudicaron estos fondos.
  
En este contexto, dos investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) fueron beneficiados con Fondos Covid-19: los académicos Claudia Mellado, de la Escuela de Periodismo y Jorge Olivares del Instituto, de Biología (IB). Este último ha desarrollado su línea de investigación en entender el fenómeno de resistencia antimicrobiana en bacterias patógenas y ambientales centrándose fundamentalmente en el rol que tienen los ambientes acuáticos en la dispersión y reservorio de estas bacterias.  
El profesor Olivares es director del proyecto que postuló al fondo de emergencia ANID-COVID junto a su equipo de trabajo, integrado por investigadores de distintas universidades chilenas, Aiko Adell de la Universidad Andrés Bello y Francisco Moya de la Universidad del Desarrollo. A su vez en el equipo del profesor Olivares participa Manuel Alcalde, investigador posdoctoral (IB); Sebastián Higueras, estudiante del doctorado de Biotecnología (PUCV); Karla Camacho Estudiante del doctorado en Acuicultura, Juan Parás, estudiante del Magíster en Ciencias Microbiológicas (IB) y Felipe Vásquez, asistente de Investigación
Mediante su labor, este grupo de científicos busca demostrar la posibilidad de realizar una vigilancia del virus SARS-COV-2utilizando como fuente principal de información las aguas servidas de los sectores con mayor incidencia de casos de la enfermedad. Para su director, se debe tener en cuenta que, actualmente, a las únicas personas que se testea son aquellas que tienen síntomas o han estado cercanas a casos sintomáticos. Además, el diagnostico de PCR por individuos subestima el contagio real de la población, “pero nunca vamos a saber de todos los asintomáticos, que son portadores del virus y que están constantemente eliminándolo por la red de aguas servidas a través de las heces, la saliva y la orina. Lo que nosotros podemos hacer es un estimado con lo que se está eliminando a través de estas aguas”.
A través de la investigación del núcleo milenio MICROB-R y de un proyecto del Centers for Diseases Control (CDC, EE. UU.) “veníamos tomando muestras, de aguas residuales, servidas y de ríos de la zona central de Chile hace dos años, con el objetivo de ver la carga de bacterias resistentes a los antibóticos y establecer así factores de riesgo en la problación que está eliminando y utilizando esas aguas, para establecer una relación epidemiológica... De allí surgió la siguiente idea: si es posible hacer un estudio de bacterias resistentes en diferentes matrices de agua, también podemos trabajar algo similar a lo que realizamos, pero esta vez se haría con el virus SARS-COV-2. Por eso decidimos postular a este fondo Covid-19 proyecto que es apoyado por la empresa Aguas Andinas y el Ministerio de Salud. Tienen doce meses de plazo para ejecutar la investigación. Durante este período Aguas Andinas recolectará agua desde sus plantas de tratamiento, para cuantificar de esta forma la carga de genomas virales que esta contiene. Asimismo, se tomarán muestras del alcantarillado de diferentes comunas de Santiago con diferentes incidencias de COVID-19, estableciendo una relación epidemiológica entre la carga de genomas virales en el agua y la incidencia de la enfermedad en la población. 
El profesor Olivares, doctor en Biología Molecular y Celular, piensa que una de las principales medidas que tienen que adoptar los gobiernos para frenar estos brotes epidémicos de patógenos son las cuarentenas que dependen del testeo persona a persona, “pero si nosotros implementamos una vigilancia activa constante, como es en el caso de las aguas servidas, podemos estar monitoreando diariamente, inclusive hora a hora. De este modo podríamos prevenir, saber que viene un brote de cualquier patógeno, y de esta manera serían efectivas las cuarentenas sectorizadas. Agrega que, si se llega a tener un nivel preventivo temprano, se podría aislar una comuna por mucho tiempo sin la necesidad de hacer testeo en las personas y de esta manera tener una visión prematura de cómo se está comportando un patógeno, que en este caso es el famoso SARS-CoV-2.
Para Jorge Olivares, estamos viviendo una explosión de la ciencia con ocasión de la pandemia: “Si bien es cierto que nos preguntan, nos entrevistan, nos invitan a la TV o a la radio, falta lo más importante, que nos escuchen las autoridades que muchas veces hacen oídos sordos a lo que hablan los científicos. Dicen que están trabajando con científicos, pero poco caso hacen”. 
Le preguntamos:
¿Cree que con iniciativas tales como la de este fondo, o la de habernos sumado a la red de universidades que realizan análisis para la detección de SARS-CoV-2 a través del método PCR, se abren nuevos desafíos y oportunidades para el Instituto de Biología?
Somos una universidad importante a nivel regional. Habernos adjudicado dos proyectos de los fondos Covid nos consolida a nivel regional como una institución académica que hace investigación. 
Esta es una oportunidad para proyectarse a nivel país. Es un buen momento para salir de Curauma y de Valparaíso mismo. Pero lo fundamental es que a propósito del otro proyecto ganador, el de Claudia Mellado, de Periodismo (PUCV), que trata sobre la importancia de los medios. Estas iniciativas multidisciplinarias nos desafían a no tener miedo y a no guardarnos la investigación, cosa que es una de nuestras falencias. En este sentido, el periodismo es una nube que está rodeando a la comunidad científica, así es que esa conexión tiene que ser aún mayor, porque la bajada es muy importante para la gente, ya que el impacto es sobre toda la población, no solamente sobre la comunidad científica.
Para cuando hayamos superado la pandemia ¿cuáles van a ser las enseñanzas que ella habrá dejado en la comunidad científica? 
Muy pocas veces se dan fenómenos realmente globales, que nos permitan generar datos desde muchos lugares del mundo. Tenemos una comunidad científica importante y ultraconectada. Por lo tanto, no ser solidarios es absurdo. Los científicos tenemos que ser bastante más generosos al momento de compartir la información, y se ha logrado un nivel de solidaridad que tampoco se había visto anteriormente. Esa es una gran enseñanza que debiera salir de esta pandemia, la solidaridad de la comunidad científica. 
Además, el tratamiento responsable de los datos y su difusión tienen que ser mucho más certeros a la hora de comunicar. Pero, sin duda alguna la enseñanza más importante es que se ha reconocido que la comunidad científica es importante dentro de la política nacional y el desarrollo de un país. Todas las decisiones que se toman en esta pandemia tienen o deberían tener un respaldo científico importante. Claro ejemplo de lo poco que se escuchaba a los científicos a nivel global es que ni siquiera los países más desarrollados estaban preparados para afrontar esta situación, teniendo en cuenta que la comunidad científica advirtió del peligro de los coronavirus el año 2008. Esto fue a nivel mundial, pero no estábamos preparados para nada. Sólo gracias a esta pandemia algunos gobiernos se han dado la posibilidad de escuchar a la ciencia, y les ha ido bien. De modo que otra gran enseñanza de esta pandemia es que por fin algunos gobiernos están tomando en cuenta a los científicos y la labor que están haciendo. 
¿Cuál cree usted que debiera ser la actitud o el rol de los estudiantes frente a las iniciativas que actualmente se están desarrollando en el Instituto de Biología para luchar contra el coronavirus?   
Los estudiantes del Instituto de Biología de la PUCV son los mensajeros principales para bajar la información con sus familiares, amigos y conocidos. Ellos tienen que ser la voz a través de las redes sociales para difundir, por ejemplo, el mensaje de prevención, porque al ser estudiantes de biología tienen el conocimiento necesario y este conocimiento lo adquirieron en nuestro Instituto y en nuestra Universidad. Por otra parte, estas iniciativas también se desarrollan para que ellos se den cuenta, se animen y sean mucho más activos en esta materia. Hasta lo que yo sé en los dos laboratorios de diagnóstico están participando estudiantes, sobre todo de posgrado y yo creo que ellos son los llamados a participar más activamente, porque tienen un grado de formación importante y porque se requiere una mayor responsabilidad. Por eso, en nuestro proyecto hay estudiantes de doctorado y magíster que van a contribuir mucho, porque ellos son el motor, juventud preparada que tiene que ayudar al país en estas condiciones.