Columna de Opinión: Los fantasmas del Dr. Humberto Maturana

Por Juan Guillermo Reyes, académico del Instituto de Química

31.05.2021

Difícil no sentir admiración por ese personaje de anteojos, pelo rizado y medio “a lo Beatle”, de barba progresivamente blanca con sus bufandas interminables y su paso calmado y firme por los pasillos de la Facultad de Ciencias o sentado en los bancos de tronco.  Casi siempre acompañado de un estudiante o profesor y enfrascado en sus argumentos sobre la neurociencia del conocimiento y otros temas.

Ya leer su libro, escrito junto a Francisco Varela, “De Máquinas y Seres vivos”, había sido una apertura al mundo de las preguntas fundamentales de la biología. Pero sin duda fue una gran experiencia estar en sus seminarios-talleres en el programa de Doctorado en Fisiología, en época de dictadura (que dejó de funcionar cuando muchos de sus profesores decidieron que por sus ideas políticas era más seguro buscar otros rumbos en el extranjero).

Ahí estábamos en aquel entonces, sentados en un círculo en la sala de seminarios de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile, con este profesor, precedido ya por su reputación, quien nos hizo leer un capítulo de un libro de ficción y Guerra Fría, para hacernos reflexionar sobre lo engañoso que son los sistemas sensoriales en general, y los de los seres vivos también.

Posteriormente, nos proyectó una cruz negra o algo así, sobre una pantalla blanca y el resto de la sala en la penumbra. Y al cortar la proyección, ¡Ahí estaba! ¡Una cruz verde o roja, no recuerdo, sobre la pantalla que sabíamos no tenía imagen alguna! Y no solo eso, ¡sino que la cruz también se veía sobre las paredes de la sala! Eso duró unos segundos, pero son esos segundos casi de revelación en que mi pensamiento saltó a la convicción que estaba viendo un fenómeno fantasmal.

Pero aclaro, ¡el Dr. Maturana nunca nos dijo que estábamos viendo fantasmas! Y sin duda había una buena razón para ello porque los alumnos presentes en esa ocasión, estábamos viendo lo mismo y podíamos llegar a un consenso de que lo que veíamos era una “ilusión óptica”. Y parece que la diferencia entre una “ilusión óptica” y una “experiencia fantasmal” es que las primeras pueden repetirse y los individuos que las experimentan llegan al consenso de que nuestro sentido de la visión ha sido “engañado” por algunos estímulos. Y qué mejor ejemplo de los estímulos externos inexistentes son los sueños. Los sueños son tan vívidos y tan reales que a veces cuesta despertar a la “realidad”.

Nada extraño para el Dr. Maturana, ya que nuestro organismo, principalmente el sistema nervioso (SN) cambia de estados durante un sueño. Creo que todos hemos experimentado contracciones musculares, aceleración de latidos cardiacos durante el sueño. Y esos procesos son cambios en el estado de las interacciones entre todos los componentes de nuestro cuerpo y que determinan estados del SN que interpretamos como vivencias. A veces muy locas, otras lógicas, ¡pero todas extremadamente creativas!

Y la lección que nos había dado el Dr. Maturana en ese seminario-taller era mucho más profunda. El sistema nervioso (con los sentidos incluidos) tiene sus estados internos que nos pueden hacer oír, ver, palpar, percibir sabores y aromas sin que necesariamente esos estímulos estén presentes o provengan del mundo externo. O, como bien lo saben los que ejercitan sus sentidos, un estímulo sensorial, por ejemplo, un aroma, puede modificar cómo la persona percibe otros estímulos, como el sabor. Y para qué decir de cambios en los estados del organismo como un todo: el amor o el miedo, sin duda, pueden modificar nuestra entera percepción del resto de los estímulos del medio. 

Pero, sus lecciones en el ámbito de los estados del sistema nervioso y sus asociados pueden proyectarse a nuestros días. ¿Puede nuestra percepción de la realidad ser manipulada por el amor? En efecto, las personas bajo el influjo de Cupido, perciben muchas cosas en forma diferente, poniéndose vulnerable si el otro u otra que induce el estado de amor quiere hacernos daño, no lo vamos a percibir con la misma sensibilidad que lo haríamos en ausencia del estado enamorado.

Y si estamos en un estado de miedo, o de odio, o de rabia, o deprimidos, igual cosa. Esos estados nos pueden inducir a percibir los fenómenos o acciones de otros en forma muy distinta según nuestro estado “emocional”. Entendiendo por tal un estado que no solo involucra al sistema nervioso, sino a todas las células de nuestro organismo

Así es como podemos ser inducidos a ciertos estados por nuestro entorno.   Nuestro sistema sensorial y lingüístico integrado al SN no distingue si los estímulos son unos electrones que producen luces y sombras o colores en una pantalla, o si son gestos o palabras de una persona físicamente a nuestro lado.

Los “fantasmas” del Dr. Humberto Maturana no existieron, ni siquiera en sus objetivos de enseñanza, pero sus lecciones quedaron grabadas en nuestro organismo determinando como interpretamos nuestro paso por la senda autopoiética. Aunque a veces no las percibimos conscientemente.

Mi respeto a uno de nuestros grandes pensadores y cuyos escritos y entrevistas nos dejan grandes lecciones en Educación y acerca del convivir en una sociedad en una Convivencia Democrática que bien pueden ser las bases sobre las que se funde un Nuevo Chile.

La convivencia democrática tan necesaria en la interacción entre los integrantes de la Convención Constitucional bien podría ser pensada sobre esos pilares que el Dr. Maturana enfatizaba tanto: el respeto mutuo, la ética, la equidad, la colaboración y la reflexión. Una Constitución gestada con esos pilares y ojalá fundada sobre esos pilares (y en el respeto por el medio ambiente) serían el mejor homenaje al claramente admirado por muchos: el destacado profesor Humberto Maturana.

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