Opinión: Marzo; el punto de partida de un viaje transformador

Por David Carrillo Contreras, Profesor Emérito PUCV.

01.03.2022

Marzo, en nuestro país, es el mes en que termina el período estival y da paso al otoño. Los jóvenes que han terminado la educación media se aprestan a iniciar sus estudios superiores. Las universidades acogen a los estudiantes y se incorporan a la vida académica. La recepción de los novatos culmina con un rito que se repite año tras año: la clase inaugural, a cargo de un destacado profesor de la propia casa o de algún ilustre invitado. Los estudiantes antiguos hacen otro tanto con sus nuevos compañeros y, así, poco a poco, los nuevos miembros de la comunidad pasan a constituir una sola gran familia.

En una clase inaugural destinada a alumnos españoles, el profesor Nuccio Ordine, profesor de literatura en la Universidad de Calabria (Italia) le preguntaba a los estudiantes: “¿qué habéis venido a hacer a la universidad?”. "Profesor", responde uno: “hemos venido a obtener un título”. Ordine retruca: “Lo principal que debemos enseñar a nuestros estudiantes es que la cultura, el estudio, no solo sirven para una profesión. La cultura y el estudio sirven, sobre todo, para formar ciudadanos libres, hombres y mujeres capaces de razonar por sí mismos y esto hay que decirlo con mucha claridad. Si los estudiantes responden de esta manera la culpa no es de los estudiantes, la culpa es nuestra, la culpa es de una sociedad que hace entender de forma errónea a los estudiantes que deben estudiar para obtener un título, para luego usarlos en el mundo laboral. Y bien, yo, para hacer comprender a mis estudiantes les digo que la función del estudio en la universidad , la experiencia de la enseñanza, no es lo que la sociedad quiere hacernos creer.”

Para mayor claridad, dice el profesor Ordine, recomienda una bellísima poesía titulada “Ítaca”, escrita en 1911, por Constantino Kavafis, un gran poeta griego que dice a sus lectores: “Atención, en la vida lo que cuenta no es llegar a Ítaca (la isla), lo que cuenta es la experiencia que nosotros tenemos durante el viaje. Esa experiencia, que nos hace mejores, es una experiencia que nos enriquece. La verdadera Ítaca está en el viaje mismo. Mantén siempre Ítaca en tu mente; llegar allí es tu destino, pero no tengas la menor prisa en tu viaje. Es mejor que dure muchos años y que luego al fin arribes a Ítaca rico por todas las ganancias de tu viaje, sin esperar que Ítaca te vaya a ofrecer riquezas, Ítaca te ha dado un viaje hermoso. Sin ella no te habrías puesto en marcha. Pero no tiene ya más que ofrecerte aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado. Convertido en tan sabio y con tanta experiencia ya habrás comprendido el significado de las Ítacas”.

La metáfora alude a la profunda transformación que experimentan los estudiantes durante la travesía. Los profesores cumplen un rol fundamental en el logro de esa transformación, puesto que en este viaje es donde los alumnos adquieren los valores humanos más importantes que les acompañarán durante toda la vida: amor, amistad, bien común, bondad, confianza, sinceridad, paciencia, gratitud, perdón, humildad, modestia, fraternidad, honradez, justicia, libertad, respeto, responsabilidad, solidaridad, tolerancia, democracia, valentía, paz, lealtad, esperanza, perseverancia y tantos otros. Sin duda, el viaje es lejos más importante que la meta.

Desde ya sean ustedes bienvenidas y bienvenidos para iniciar el hermoso camino que ofrece la universidad, una nueva Ítaca.

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