Instituto de Historia conmemoró los 100 años del Tratado de Versalles

Los expositores a cargo de las conferencias fueron el catedrático de Historia Contemporánea y director del Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid, Dr. Guillermo Pérez Sánchez; el académico del Instituto de Historia de la PUCV, Dr. Eduardo Araya Lëupin y el profesor Gilberto Aranda Bustamante del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

16.08.2019

El Tratado de Versalles fue un acuerdo de paz que se firmó al final de la Primera Guerra Mundial por más de 50 países, que terminó oficialmente con el estado de guerra entre la Alemania del segundo Reich y los Aliados de la Primera Guerra Mundial.

El documento fue firmado el 28 de junio de 1919 en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles en Francia, exactamente cinco años después del atentado de Sarajevo en el que fue asesinado el archiduque Francisco Fernando, la causa directa de la Primera Guerra Mundial.

Precisamente, con el objetivo de conmemorar los 100 años de este acontecimiento el Instituto de Historia de la PUCV organizó una jornada que analizó las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, la situación de Alemania y el auge de los nacionalismos luego de este tratado.

La conferencia inaugural estuvo a cargo del Dr. Guillermo Pérez Sánchez, catedrático de Historia Contemporánea y director del Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid y se tituló “Consecuencias de la Gran Guerra. La Paz de Versalles y la Sociedad de Naciones (SDN). Una visión de Europa”.

“La Primera Guerra Mundial fue una poderosa fuerza de la historia: derrocó imperios, alumbró revoluciones, sembró Europa de estados-nación nuevos, desangró a una generación, dinamitó el concierto de las naciones y dicen que acabó con la inocencia de los pueblos. Es muy difícil encontrar algún acontecimiento histórico más rico, diverso e influyente”, informó Pérez Sánchez.

Para el académico en el centenario del final de este tratado se deben poner acento en las consecuencias de este conflicto que siguen repercutiendo hasta nuestros días. Uno de esos hitos es el ascenso de Estados Unidos a rango de gran potencia mundial y las repercusiones futuras de dicho status, en especial después de la Segunda Guerra Mundial.

“Se pueden mencionar consecuencias político-territoriales de la Gran Guerra. La desintegración del Imperio Ruso de los zares (1917-1918) y la subsiguiente creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922). El surgimiento de la Unión Soviética estaba llamado a ser uno de los grandes hitos posbélicos de extraordinaria repercusión a partir de la segunda mitad del siglo XX, en Eurasia y en el mundo entero”, expresó el catedrático.

Asimismo, mencionó el cambio sustancial del mapa de Europa, en función de la desintegración del Imperio Alemán y la desaparición del Imperio de Austria-Hungría, con la creación en su lugar de toda una pléyade de nuevos estados nación. Hay además un cambio sustancial del mapa de Oriente Medio y próximo en función de la desintegración del Imperio Otomano. El proceso estuvo marcado por los Mandatos Coloniales según se estipuló en el momento de la creación de la SDN.

A pesar de que el armisticio fue rubricado meses antes en noviembre de 1918 para poner fin a las hostilidades, se necesitaron una serie de negociaciones en la Conferencia de Paz de París para concluir en el Tratado de Versalles que comenzó a regir en enero de 1920. El acuerdo no fue respetado a partir de 1922 y específicamente por Alemania desde la década de 1930 con la llegada al poder de Adolf Hitler.

Alemania

“A diferencia de todos los otros acuerdos de paz europeos que concluyeron que no había vencedores ni vencidos. Por primera vez un acuerdo general de paz declaraba que alguien tenía la culpa de la guerra. El Tratado de Versalles es un texto muy extenso; tiene 15 partes y 440 artículos. De la parte séptima a la décima se refiere a sanciones, reparaciones, cláusulas financieras y económicas. El artículo 231 dice que los aliados y los gobiernos asociados declaran, y Alemania reconoce, que Alemania y sus aliados, son causantes y responsables de toda pérdida y daños que los países aliados y los gobiernos asociados, así como sus súbditos y ciudadanos, han sufrido como consecuencia de la guerra que fue iniciada por el ataque de Alemania y sus aliados”, explicó el Dr. Eduardo Araya Lëupin, académico del Instituto de Historia de la PUCV.

El documento quitó a Alemania el 13% de su territorio y una décima parte de su población. La región de Renania fue ocupada y desmilitarizada, y la nueva Sociedad de las Naciones se apropió de las colonias alemanas. El ejército alemán quedó reducido a 100 mil hombres y se prohibió que el país reclutase soldados. Se confiscó la mayor parte de sus armas y su armada se quedó sin grandes buques. Alemania fue obligada a someter a juicio a su emperador, Guillermo II, por crímenes de guerra y el tratado exigía que pagara 269.000 millones de marcos de oro.

Aunque existía un deseo real de paz tras la guerra, el tratado no logró los efectos esperados. Furiosos por lo que consideraban un duro diktat (una paz impuesta), los políticos alemanes de derechas utilizaron el tratado como punto de encuentro nacionalista. Las abrumadoras reparaciones y pagos redujeron la producción industrial del país y otras fuerzas provocaron hiperinflación en los años 20, que desempeñó un papel en la inestabilidad económica de la Gran Depresión.

Nacionalismos

“El auge de los nacionalismos post Versalles y hoy” se tituló la conferencia del profesor Gilberto Aranda Bustamante del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

“Los orígenes del nazismo no hay que buscarlos en 1918, sino en 1914. En ese impulso nacionalista que se inició a propósito de la declaración de guerra” puntualizó el académico.

El profesor mencionó que en las décadas siguientes a la guerra se apreció debilidad en los tratados, temor hacia el comunismo y aconteció además la Gran Depresión Económica de 1929-1933. “La democracia liberal falla por desequilibrios sociales (en Europa Meridional, Balcánica, Central y del Este). En otras palabras, la democracia liberal necesita una clase media fuerte. Aparecen los fascismos y nacionalismos: Italia Fascista (1922), Estado Novo Portugués 1926 (1928), Alemania Nazi (1933), España franquista (1936 tras guerra civil), por nombrar algunos ejemplos”, aseveró Aranda.

Por Natalia Cabrera Vásquez

Instituto de Historia